Las diferentes caras de la disciplina

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Les compartimos la experiencia de Paul Gasol, atleta y jugador de baloncesto profesional:

La disciplina forma parte de mi vida; está presente tanto en mi faceta deportiva como personal. El deporte profesional no puede entenderse sin ella. Si hay algo en lo que coinciden los atletas de todos los deportes es en que, para alcanzar objetivos, hace falta un alto nivel de compromiso, de autoexigencia y de esfuerzo.

A lo largo de mi carrera he comprobado, tanto en mi propia persona como observando a muchos de mis compañeros y a mis entrenadores, el impacto que supone aplicar una cierta actitud en lo que hacemos. Para alcanzar algo especial y extraordinario hay que esforzarse, no se puede tomar la vía rápida, fácil y cómoda, hay que ser disciplinado y estar dispuesto a hacer sacrificios por aquello que queremos conseguir.

Desde mi experiencia, la disciplina se refleja en estos nueve puntos:

1. Entrenamientos

Los deportistas profesionales entendemos que los entrenamientos son clave: hay que esforzarse tanto física como mentalmente y concentrarse al máximo, porque de ellos depende tu éxito en la competición. No sé quién fue el primero que dijo aquello de «juegas como entrenas», pero creo que es muy cierto. Si no tomas en serio los entrenamientos, no conseguirás estar a un gran nivel en la competición.

Con el paso de los años, la necesidad de ser estricto y disciplinado en los entrenamientos aumenta. En estos últimos meses en los que he podido volver a competir profesionalmente, he realizado una hora de trabajo de activación muscular y articular, que se dividía en trabajo de fisioterapia en camilla y luego en el gimnasio, antes de pisar la pista (ya fuera en un entrenamiento o en un partido). Una vez acabada la carga en la pista, comenzaba la siguiente fase: trabajo de descarga muscular, hielo, compresión linfática y también suplementación… El gran equipo de profesionales con los que llevo trabajando muchos años ha ido adaptándose a mis necesidades teniendo en cuenta mis condiciones físicas y fisiológicas, todo para poder recuperarme lo mejor posible, maximizando el rendimiento y previniendo lesiones.

Como muchas veces os traslado, todos estos principios son aplicables a los distintos ámbitos, tanto el personal como el profesional, incluyendo también al mundo corporativo. Nadie debería esperar grandes retornos o satisfacciones si no ha hecho un trabajo previo de preparación. Es importante formarse continuamente en aquello en lo que uno quiere destacar y «entrenarse» para ser cada día un mejor profesional o aplicarse para ser mejores personas.

2. Nutrición y descanso

Escuchar a tu cuerpo es fundamental. Si eres un atleta de élite, una nutrición adecuada te ayuda a recuperarte y a rendir mejor; a tener la energía y la fuerza que tu cuerpo necesita. Pero aunque tu trabajo no esté relacionado con el deporte como el mío, la concentración y la eficiencia se benefician de una alimentación adecuada y un descanso suficiente. Debemos cuidar de nuestra salud para intentar ser la mejor versión de nosotros mismos, y la nutrición y la calidad de sueño son claves para ello. Sin lugar a dudas lo son para mí.

3. Puntualidad

La puntualidad es una parte muy importante de la disciplina. Para mí, significa respeto a nuestro cometido y a los compañeros, ya sean otros jugadores o el resto del staff: entrenadores, preparadores físicos, utilleros… Demuestra concentración en lo que estás haciendo y respeto hacia ello. Cuando llegas tarde o muy justo ya no haces todo el trabajo previo que tienes que hacer.

Por supuesto que existen deportistas que no tienen la disciplina necesaria y es uno de los factores que les impiden llegar a su máximo potencial y que hacen que algunos de ellos se queden por el camino.

Te sugiero el ejercicio de pensar qué opinión te merece una persona que siempre llega tarde a sus obligaciones o que te hace esperar sin un motivo justificado en una reunión.

4. Renuncia a cosas no compatibles

Hay que entender que todo aquello que merece la pena, y por lo tanto sea difícil de conseguir, va a requerir sacrificios. No se puede hacer todo ni tener todo. Tienes que encontrar un equilibrio, un balance que te ayude a hacer lo que quieres pero sin renunciar a otras cosas que sean igual o más importantes, como la familia, los amigos o el cuidado de nuestra salud.

Estas decisiones tienen que guardar una coherencia con lo que quieres conseguir. Lo que haces en tu vida diaria refleja tus prioridades. Si quieres ser el mejor jugador de baloncesto tienes que entrenarte y dedicarte a ello. Kobe decía que para ser mejor que tus competidores tenías que trabajar más que ellos. Si lo que prefieres es hacer otras cosas, evitar los sacrificios y entrenar lo justo, quizá simplemente el objetivo no te importa lo suficiente. Tomes las decisiones que tomes, para bien o para mal, no puedes volver atrás: las oportunidades pasan. De ahí la importancia de centrarnos en el presente, de volcarnos en él y dar el máximo de nosotros mismos en cada momento, entendiendo que no siempre nos saldrá todo bien.

Cuando eres joven, siempre te gustaría salir un poco más o hacer lo que hacen tus amigos o personas con otras profesiones. Pero opino que «quien algo quiere, algo le cuesta», y que al final se encuentran momentos para hacer esas cosas. Yo disfruto mucho haciendo lo que hago, y me siento un privilegiado por ello. Sería una enorme contradicción que me quejara de lo poco que, a cambio, no pude hacer.

Un ejercicio útil es el de pensar de forma honesta en cómo distribuyes las horas de un día. ¿Es coherente con quien quieres ser y lo que quieres conseguir?

5. Confianza en el proceso y el equipo

Cuando te encuentras al principio del camino y vislumbras tu objetivo a lo lejos, debes confiar en el proceso necesario para llegar a esa meta, en ese compromiso que tienes que mantener, en esa fe y constancia en tu trabajo, en tu equipo que te acompaña en el camino, en tu dia a dia. A partir de ahí, debes poner el foco en lo importante y dedicarte en cuerpo y alma a ese proceso para alcanzar tus sueños. Habrá obstáculos en el camino, dudas, incluso miedo. Hay que entender esos momentos como parte de tu viaje, pero mientras estés haciendo algo en lo que crees y con lo que disfrutas, seguirás adelante creciendo y haciéndote fuerte gracias a ellos.

Es muy importante rodearte de un equipo de trabajo que te ayude. Las grandes metas no se pueden conseguir en solitario. En mi caso, llevo 17 años con el mismo fisioterapeuta, y a lo largo de mi carrera he formado un equipo a mi alrededor que me ha ayudado en el resto de facetas de mi vida profesional.

En el ámbito de la empresa, la mayoría de los proyectos se realizan en equipo. Por eso es tan importante cuidarlo, seleccionarlo bien y atender a sus necesidades. Ellos son los que te ayudarán a lograr tus sueños y tú quien les ayudará a lograr los suyos, que a veces coinciden, lo que hace que sean aún más especiales.

6. Autoexigencia

Un entrenador o un jefe tienen que saber gestionar a sus jugadores o empleados para sacar lo mejor de ellos, pero al mismo tiempo cada persona debe ser autoexigente consigo misma. No debemos esperar a que se nos exija para sacar lo mejor de nosotros. La dirección y el liderazgo son importantes para el rendimiento colectivo e individual, pero hay mucho trabajo que podemos y debemos hacer sin responsabilizar a nadie más por ello. Tus supervisores te guían y te apoyan en tu trabajo diario, pero lo que de verdad te hará avanzar es tu propia autoexigencia y centrarte en todo lo que puedas hacer tú solo sin depender de otras personas.

7. Creación de un buen entorno

El entorno es muy importante. Que las personas que te rodean te ayuden a gestionar los altos y bajos, tus decisiones… Ya sea familia, amigos, pareja o compañeros de trabajo. Que te conozcan, que sepan cuándo necesitas un abrazo o te digan de vez en cuando «por ahí no vayas». Sin ese entorno, puedes tener muchas complicaciones . Obviamente, muchas personas tienen situaciones complicadas en su entorno más cercano o no reciben el apoyo que necesitan. En esos casos, las soluciones pasan por alejarse del entorno nocivo. 

No es fácil gestionar un entorno difícil, por eso no tenemos que sentir ningún complejo o vergüenza a la hora de pedir ayuda externa, ya sea a personas de confianza o a profesionales. Cada vez es más común en el mundo del deporte tener a un psicólogo en plantilla para dar apoyo mental y emocional a los miembros de los diferentes equipos.

8. Creatividad e improvisación

No hay que confundir disciplina con falta de flexibilidad o de improvisación. En el caso del deporte, la rutina de trabajo te aporta un marco de referencia pero, a partir de ahí, pueden surgir espacios para desarrollar tu creatividad. Lo mismo pasa con las normas o los modelos en una empresa: hay que seguirlos para establecer una base ordenada, pero después existirán circunstancias en las que puedas aportar tu valor diferencial.

Precisamente de ahí la importancia de ser ordenados, tener una buena rutina y ser fieles a nuestra agenda. Eso nos permite tener capacidad de reacción a los imprevistos, pero por otro lado  permitirnos cierta flexibilidad es muy útil porque el mundo es cambiante y el deporte también lo es. 

9. Concentración en lo que estás haciendo

Phil Jackson nos decía que, una vez que entráramos al pabellón, dejáramos fuera todo lo demás que sucediera en nuestras vidas. Que nos centráramos en la tarea que teníamos que realizar; en el presente. La meditación nos ayudó a conseguir eso: limitar las distracciones, acallar el ruido y estar lo más centrados posible en el momento y el objetivo (que en nuestro caso era ganar campeonatos). Esto requiere de una gran disciplina y una gran concentración.

Cuando estás haciendo las tareas propias de tu trabajo ¿estás cien por cien concentrado en ellas?

Así es como yo entiendo la disciplina. ¿Echais de menos algún factor? ¿Qué otra habilidad o acción consideráis clave para ser disciplinados en el trabajo o en el proceso de alcanzar vuestras metas? ¡Os leo!

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