Editorial
Sin duda el 14 de febrero inevitablemente es una fecha marcada por el color del amor que se celebra en diversos países del mundo, popularizada por numerosos canales de comunicación, llegando hasta los más recónditos lugares, para colocarse como un día especial que inspira de forma masiva la exteriorización de los sentimientos de cada persona hacia sus seres queridos.
Sin embargo existen diversas teorías y opiniones acerca de esta celebración considerada por muchos una estrategia mercadológica o una tradición ancestral con orígenes paganos cristianizados, lo cierto es que esta fecha incita la convivencia entre amigos y enamorados que en su mayoría esperan este día para demostrar con mayor ahínco sus sentimientos por su ser amado.
De acuerdo a cifras oficiales emitidas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), con motivo del Día de San Valentín, en 2010, seis de cada diez personas de 15 años y más están casados o en unión libre. En 2009, se registraron 558 mil 913 matrimonios, es decir, se celebraron 5.2 uniones legales por cada mil habitantes.
Aunque estos datos contrastan con otra realidad ya que en 1980, por cada 100 matrimonios había 4 divorcios; en el 2000, esta cifra se eleva a 7 divorcios y para 2008 son casi 14 divorcios por cada 100 matrimonios, según los indicadores sobre la situación conyugal de la población, matrimonios y divorcios ocurridos en el país por el INEGI.
Son estas acciones las que nos hacen reflexionar que los sentimientos, no requieren de una fecha especial para ser expresados de manera libre y convincente, tomando en cuenta que cualquier época del año es buen momento para brindar un saludo, una sonrisa y hasta un beso espontáneo que afiance las relaciones de pareja.
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