Dieta macrobiótica, ¿tratamiento milagroso o deficiencias nutricionales?

Nutrición

Macrobiótica significa “larga vida”. Se trata de una filosofía Oriental encaminada al respeto y cuidado de la naturaleza (Porrata-Maury et al., 2008). Esta filosofía está basada en un equilibrio entre lo Yin y lo Yang, es decir, la dualidad de todo lo que existe en el universo (fuerzas opuestas pero complementarias).

Según el Diccionario de Nutrición y Dietoterapia (Lagua & Claudio, 2007), una dieta macrobiótica o dieta macrobiótica Zen, es una dieta “basada en la creencia de que la salud y la felicidad de la persona dependen de un equilibrio adecuado de los alimentos ‘Yin’ y ‘Yang’ ”, pero ¿qué son exactamente los alimentos Yin y Yang? Esta clasificación de alimentos no corresponde a su composición de nutrientes, sino a la actividad del universo definida por la filosofía Oriental (Dwyer, 1990). El Yin es la fuerza suave, alcalina y femenina; el Yang, la resistencia, ácida y masculina (Cervera et al., 2004). Los alimentos Yin básicamente son aquellos que dilatan, acidifican y enfrían el organismo (lácteos, azúcar, grasas, harinas refinadas, frutas cítricas, bebidas alcohólicas, etcétera); por el contrario, los alimentos Yang son contrayentes, alcalinizan y calientan el organismo (sal, carnes rojas, huevo, algunos quesos, entre otros) (Porrata-Maury et al., 2008).

La dieta macrobiótica y el estilo de vida macrobiótico en general, promueven la curación natural. Este programa se populari­zó en Occidente por Michio Kushi a finales los setentas. En una dieta macrobiótica, el 40-60% de las calorías es aportado por cereales integrales, el 20-30%, de verduras y hortalizas, y el resto viene de alubias, productos de alubias, verduras marinas, fruta, semillas, frutos secos, pescado blanco y muy ocasionalmente otros productos de origen animal (mariscos, aves, carnes rojas, huevo y lácteos). (Mahan et al., 2012)

La introducción a una dieta macrobiótica progresa paulatinamente en una serie de etapas que se desarrollan en conjunto con una restricción de la ingesta de líquidos, incluyendo el agua. Durante estas etapas se eliminan: postres, frutas y ensaladas, alimentos de origen animal, sopas y verduras, en ese orden. Éstos alimentos van siendo reemplazados con cantidades en aumento de cereales, de modo que en la última etapa, la dieta macrobiótica esta compuesta por un 100% de cereales (Lagua & Claudio, 2007). La dieta macrobiótica también incluye como normas generales, masticar despacio y bien, ingerir la cantidad necesaria de alimentos y beber poco, sin prohibir completamente las bebidas alcohólicas (Cervera et al., 2004).

Por su restricción en alimentos de origen animal, la dieta macrobiótica puede considerarse como una dieta vegetariana progresivamente más estricta hasta que al extremo sólo se permite consumir arroz y pequeñas cantidades de agua o té. Llevada al extremo, esta dieta puede causar malnutrición e incluso, la muerte (Thompson et al., 2011).

Aunque una dieta vegetariana puede ser saludable, también puede presentar muchos desafíos. Al limitar el consumo de carnes y lácteos, se abre la posibilidad de consumir cantidades inadecuadas de algunos nutrientes como vitamina B12, vitamina D, vitamina B2, hierro, calcio y zinc, vitaminas y minerales esenciales para la síntesis de ADN y ARN, el desarrollo de tejido nervioso y huesos, el transporte de oxígeno, mantenimiento de la presión sanguínea, entre otras funciones importantes (Thompson et al., 2011).

Sin embargo, con una planeación cuidadosa, muchas dietas vegetarianas pueden proporcionar  nutrientes suficientes, aumentando la variedad de productos que se consuman, sobre todo si existe la posibilidad de agregar algunos alimentos de origen animal. De ahí que los veganos, frutarianos y las personas que siguen una dieta macrobiótica pueden presentar dificultad en la obtención de proteínas, vitamina B2, vitamina B12, vitamina D, hierro, calcio y zinc. (Lagua & Claudio, 2007)

En cuando a la alimentación macrobiótica, la aceptación del consumo de alimentos de origen animal durante las primeras etapas permite cubrir las necesidades nutricionales de una persona. Por otro lado, una alimentación a base de cereales enteros es casi seguro que no proporciona varias vitaminas, minerales y proteínas suficientes. Además, la restricción en el consumo de líquidos, especialmente el agua, puede producir por lógica, una deshidratación. (Cervera et al., 2004)

Las dietas macrobióticas son parte de las terapias nutricionales, es decir, tratamientos basados en la dieta. Estas terapias son contempladas por la medicina complementaria y alternativa, mismas que deben ser controladas, pues como ya se ha visto, pueden repercutir en el estado nutricional y la salud en general de la persona. (Mahan et al., 2012)

Algunos estudios sugieren que una dieta macrobiótica puede ser efectiva para prevenir enfermedades cardiovasculares, e incluso se ha sugerido que puede prevenir el cáncer (Lerman, 2010). Sin embargo, esta dieta ha sido controversial para pacientes con cáncer avanzado pues cabe la posibilidad de retrasar los tratamientos convencionales para esta enfermedad y deficiencias nutricionales (Lerman, 2010). De hecho, la dieta macrobiótica no ha demostrado científicamente que trate ni cure el cáncer. (Kushi et al., 2001; Mahan et al., 2012)

En conclusión, aún no hay justificación científica de que una dieta macrobiótica pueda ser usada como tratamiento contra el cáncer, diabetes, u otras enfermedades. Aunque sí se han comprobado y documentado las deficiencias que esta dieta produce al llevarse de una forma estricta, no se pueden negar los beneficios de llevar una dieta baja en azúcares, harinas refinadas y carnes rojas. Así, una dieta macrobiótica puede ser una buena idea si no se lleva al extremo, y sobre todo si se tiene control de los nutrientes que ésta podría no estar aportando, de modo que puedan adquirirse por otros medios, permitiendo incluso el consumo ocasional de productos de origen animal.

Ing. Sandra Arroyo

Bibliografía:

  • Cervera P., Clapés J., & Rigolfas R. (2004) Alimentación y Dietoterapia (Nutrición aplicada en la salud y la enfermedad). 4ª edición. España: McGraw-Hill Interamericana de España. pp. 179, 183
  • Dwyer, J. (1990). The macrobiotic diet: No cancer cure. InNutrition forum (USA). [http://agris.fao.org/agris-search/search.do?recordID=US9143080]
  • Kushi, L. H., Cunningham, J. E., Hebert, J. R., Lerman, R. H., Bandera, E. V., & Teas, J. (2001). The macrobiotic diet in cancer.The Journal of nutrition, 131(11), 3056S-3064S
  • Lagua R. T., & Claudio V. S. (2007) Diccionario de nutrición y dietoterapia. 5ª edición. México: McGraw-Hill Interamericana. pp. 84, 212
  • Lerman, R. H. (2010). The macrobiotic diet in chronic disease.Nutrition in Clinical Practice, 25(6), 621-626. [http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/0884533610385704]
  • Mahan L. K., Escott-Stump S., & Raymond J. L. (Eds.) (2012) Krause dietoterapia. 13ª edición. España: Elsevier. pp. 137, 292, 415-417, 422, 857-858
  • Porrata-Maury, Hernández-Triana M., Abuín-Landín A, Campa-Huergo C., & Pianesi M. (2008). Caracterización y evaluación nutricional de las dietas macrobióticas Ma-Pi.Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas, 27(3-4) [http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-03002008000300001&lng=es&tlng=es]
  • Thompson J. L., Manore M.M., & Vaughan L.A. (2011) The Science of Nutrition. 2nd edition. S.A.: Pearson. pp. 232-235
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